Desprendimiento de aplacados de fachada.

En tiempo de crisis, se dan situaciones indeseadas, que en muchos casos, pueden llegar a ser críticas y requerir, de forma urgente, una pronta solución.

Una de estas situaciones críticas, es el mal estado de muchas viviendas, que adolecen una falta de ser inspeccionadas y que se realicen las actuaciones correctivas necesarias, para solucionar las anomalías y carencias, que presentan.

Esta situación se ha dado, por la falta de liquidez de muchas comunidades de vecinos, que frente a la actual situación y a la incertidumbre, optan por apartar la vista de una evidente realidad, declinando cualquier recomendación, de poner solución a al problema de sus viviendas.

Nada más lejos de mi intención, que dar un mensaje alarmista o de cariz sensacionalista, pero creo que ha llegado un punto, en el que tenemos muchos motivos, para tener miedo a pasear por la ciudad, debajo de los balcones de fachada, de los edificios "enfermos" y muy al límite.

Durante décadas, se ha optado por los sistemas y elementos aplacados, que con el tiempo, ha presentar numerosos problemas de desprendimientos, que causan lamentables siniestros a los viandantes.

Cualquier elemento aplacado, como frente de forjado, en una fachada de edificio, es un elemento adherido, que permanece suspendido al exterior y por tanto, necesita de un elemento de unión, que lo haga solidario al resto de obra. Cada elemento, y dependiendo de múltiples factores (tipo de material, espesor, color, etc.), tiene diferente coeficiente de dilatación. La unión entre dos materiales, provocará siempre, un movimiento relativo (corrimiento), entre las superficies en contacto. Esta particularidad, precisamente, es la que pondrá en tela de juicio, la resistencia del elemento al que le hayamos atribuido la función de la unión.

Con el paso de los años, la reducción de la elasticidad de los materiales y la fatiga, harán que se generen micro fisuras, que serán una vía directa, para que la humedad haga mella en el interior de los materiales. Éstas, terminarán convirtiéndose en fisuras, que provocarán el desprendimiento total o de una parte, del material aplacado.

En el caso de los extremos de forjados en las fachadas de los edificios, existe un segundo elemento, a tener muy en cuenta, que intervendrá muy negativamente, en el estado de la obra y éste no es otro, que el acero del armado del hormigón, que aumenta su volumen, debido a la oxidación, provocada por la filtración de humedad, a través de las grietas, que se han practicado en la obra. De igual manera, los montantes verticales de las barandillas de acero, empotrados a obra (sobretodo, si estos montantes están formados por perfiles tubulares), aceleran todo el proceso y conducen al mismo fatal desenlace, el desprendimiento del aplacado.

A continuación, unos pocos ejemplos del problema tratado:







Sobra decir que, una inspección del estado de la obra y la aplicación de una actuación correctiva, para subsanar todas las anomalías presentadas, y que pudiesen provocar un desprendimiento, bastaría para no tener que lamentar un desagradable siniestro, si no tuviéramos en cuenta el factor decisivo, que no es otro que la financiación de las obras.